martes, 29 de abril de 2008
No más compañeros
Para nadie es nuevo que cada grupo social inventa, crea o renueva términos, frases y demás. Algunos de estos términos funcionan entre dos o más grupos o tal vez a uno le resulte y a otro le parezca ajeno. Todo depende. Sin embargo, con la llegada de los sandinistas al poder, he tenido que desechar el término "compañero". Antes solía referirme a las personas que trabajan conmigo que no necesariamente son amigos, como "compañeros de trabajo". Sin embargo, para los sandinistas, todos somos compañeros -en ese término se quedó el "camarada" de los comunistas a ultranza de principios del siglo pasado. El compañero va, el compañero viene... me harta esa terminología sandinista. Así que estoy en busca de otro término para referirme a las personas que trabajan conmigo. Lo falso de ese término es que supuestamente todos somos iguales, que supuestamente todos tenemos derechos y todos tendremos beneficios. Nada más absurdo. No creo que el compañero presidente me trate de igual manera al viajar en su Mercedes Benz y yo en el bus. Así que no hay "compañeros", ni nada que se le parezca. Me quedo con "los del trabajo", mi familia, mis amigos y la mejor de todos, mi novia.
lunes, 28 de abril de 2008
Barbarie sofisticada
Escribo esto después de leer de un austríaco que mantuvo cautiva a su propia hija durante 24 años y en el proceso, la violó al punto que la pobre muchacha parió siete hijos-hermanos. ¡Qué horror! Pero me acordé de un alemán caníbal y homosexual -ese no era su pecado, así que no piensen que soy homófobo- que devoró a su pareja porque éste se lo pidió y porque le excitaba ver cómo le arrancaban pedazos y se lo engullían. Durante mi estancia en España, leí de un tipo que estuvo preso por maltratar a su mujer y al salir de prisión, buscó de nuevo a su víctima solo para rocearla de querosén y prenderle fuego. Luego se destapó la cabeza de un tiro. Coincidencia, todos estos animales eran del llamado Primer Mundo. Sin ánimos de justificar a los salvajes que también habitan en mi "tercermundista" país -quienes también golpean a mujeres y niños sin motivo y merecen podrirse en la cárcel- creo que éstos no han llegado a ese nivel de saña, de violencia, de morbo, enfermedad, sadismo o lo que sea que fuera. Alguna vez leí que los ricos se mueren de obesidad y los pobres de hambre. Ahora me doy cuenta que el mal llamado Primero Mundo también es absurdamente violento pero su barbarie es más "sofisticada".
miércoles, 23 de abril de 2008
Moraleja de la historia...

Todo estaba preparado. Había ensayado mi vocubulario, mi pronunciación, el énfasis propio de un idioma distinto; había extraído nuevas palabras del diccionario, términos que demostraran dominio del tema, palabras técnicas, jergas propias del tema a tratar. Desperté de humor, con actitud positiva, bastante temprano y aún así, sentí que dormí bien. No tuve pesadillas, lo cual fue una señal también positiva -porque siempre que tengo que enfrentarme a situaciones difíciles y a pesar de lo anticipado y el previo conocimiento de las circunstancias, mi psique se altera más que nunca y me produce pesadillas- Llegó el momento dado, llegaron los oponentes, los subestimé, los miré de arriba hacia abajo y casi escupí sobre sus zapatos. Reía dentro de mí y decía confiado, petulante y obstinado dentro de mí: "This is a peace of cake". Luego apareció ella, la gringa, venía con todas las ganas de tomar un termómetro y medir nuestra capacidad de enredar la lengua. Me sentí confiado de nuevo, la mía tenía el largo de la de Gene Simmons y como treinta nudos marineros. Sonrió amablemente y eso me remató, dije: "She will treat us kindly, we will fool around". Y cuando llegó el momento, ups, ¿what?, ¡Shit!... Nothing came out of my mouth. No supe qué decir cuando me correspondió hablar. ¡Qué cagada! I was the laughing-stock. No me dominó la falta de conocimiento, me dominó la excesiva confianza. Gran lección.
jueves, 17 de abril de 2008
Almuerzo solo
Yo sostengo que hay cosas que no se pueden dejar de hacer solo. Ir al cine es para mí, una de esas ocasiones que necesaria y moralmente deben hacerse a dúo. Indudablemente, hacer el amor, es otro ejemplo. Lo contrario, es auto placer, que, aunque admitido, no es lo mismo, ni por cerca. Pero también se puede almorzar solo. Me he dado cuenta de ello. De manera forzada un tanto, y otra opcional, ahora almuerzo solo. Primero, porque la única persona con quien compartía mi hora de almuerzo, ya no está; y segundo, porque si no está, prefiero hacerlo solo. Pero bueno, me he dado cuenta que se pueden hacer cosas almorzando solo. Podés jugar un rato con los juegos del celular, podés fijarte bien que la señora que sirve la comida no utilice sus manos para acomodar los alimentos, podés fijarte que el plato esté lavado y podés darte cuenta si la señora te quiere matar de un infarto de tanta comida o determinar los altos precios de los alimentos a partir de las porciones de hambre que te ponen en el plato. JAJAJA...
miércoles, 9 de abril de 2008
Despedida

Eran las vísperas del Año Nuevo y él imaginó una suculenta cena en compañía de ella. Pensó en los detalles, en los ingredientes y en la compañía junto a la que recibiría el año venidero. Consecuente con su plan, le propuso a ella acompañarlo para hacer las compras de la cena. Ella, un tanto indispuesta, no comprendió a tiempo la idea y rechazó la invitación. Él insistió, ella se molestó. Él se fue solo y supongo que lo hizo por orgullo y por no declinar en su plan. Supongo también que en algún momento pensó que la conclusión de su plan serviría para reencausar su idea primigenia de recibir contento y acompañado el año nuevo. Pero no fue así. Un infarto se interpuso . El impacto fatal del infarto lo dejó inconsciente, sin habla, apenas respirando. y no hubo cena, ni reconciliación ni celebración. Tampoco hubo despedida o perdón. No hubo último beso, ni últimas palabras. No hubo adiós, no hubo conclusión, final feliz o algo similar. Es una historia real, hace mucho que dejé de oírla pero siempre me conmovió porque te enseña a valorar cada instante. Son las lecciones de la vida.
lunes, 31 de marzo de 2008
Señor Olmedo
Cuando se refieren a mí como "señor", siempre me quedo extrañado, a veces sorprendido y me imagino a mí mismo con canas o calvo y rodeado de mis nietos. Es una imagen que me parece tan lejana que el calificativo de "señor" casi pasa desapercibido a no ser porque se me interpela viéndome a los ojos o señalándome con el dedo índice. El tiempo y su paso inexorable, ya lo sé, pero aún no me miro como un "señor" - mi defición de señor es aplicable hasta después de los 40 años y eso que dependiendo de la apariencia y otros factores - me resisto con fuerza y me identifico más con el "joven" (ya sé que tampoco soy un adolescente pero tampoco un "señor" ja ja ja) Pero bueno, ya tengo dos décadas y tres años de vida, debo aceptar con calma que pronto estaré en la categoría de "señor" pero para mientras, no me llamen así ja ja
viernes, 28 de marzo de 2008
Reconciliados

No sé cuándo me reconcilié con las cebollas. Este blog vino a mi mente mientras degustaba un filete de curvina bañado en rodajas de cebolla de todos los tamaños, teñidas con el rojo de los tomates. Atrás quedó el ceño fruncido y asco que dejaba en mi boca el comer estos vegetales. Con ello se fue el regaño maternal que me decía que todo aquello que está en un plato se come y que las cebollas son buenas, a pesar de mi aferrada idea de que daba mal aliento. No sé cuando comí por primera vez cebollas sin pensarlo, sin remordimientos o rechazo. Tampoco recuerdo cuándo comí por primera vez chiltomas sin renegar. Aún recuerdo cuando apartábamos (mis hermanos y yo) las cebollas y chiltomas a orillas del plato para no tropezar con ellas cuando recogíamos la comida con la cuchara. Pero el hábito fue heredado. Mi mamá, ahora hecha abuela, continúa su cruzada con mi único sobrino (aunque ya viene otro en camino, espero que sea "ella") y recita los mismos regaños y recomendaciones. "Se me come todo lo que le ponga en el plato", dice mientras le sirve a mi sobrino. Ahora sé que no puedo dejar de comer cebollas. Me gustan en todas sus formas de preparar y acompañando a cualquier comida. De lo que sí estoy seguro es que no será lo mismo nunca con el chile. Este sólo me gusta en pequeñas porciones, no para paralizarme los riñones.
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